En este cuadro una niña china vestida con ropa tradicional es el centro de atención. Sentada, sostiene delicadamente los palillos, lista para disfrutar de su comida. Los reflejos de luz resaltan los delicados rasgos de su rostro. El rosa domina la paleta de colores. todo en esta pintura rezuma tranquilidad y armonía, evocando la belleza eterna de la tradición y la infancia.



