En esta impresionante pintura, aparece una elegante mujer con un vestido blanco, su elegancia enfatizada por largos cuernos que se elevan majestuosamente. Pero la belleza se complementa con las lágrimas de sus ojos, que brillan como diamantes en el crepúsculo. El sol acaba de ponerse detrás de ella, pero todavía hay un crepúsculo fascinante. La escena se ve inundada por los últimos rayos de luz, bañando el cielo con un juego de colores cálido y suave.1
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« En mis retratos y paisajes muestro la belleza y complejidad del alma humana y la naturaleza. »



